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010101 Chachapoyas

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Más pasajeros vuelan a Chachapoyas

 

En 2019, el aeropuerto de Chachapoyas ya mostraba un despegue tangible; la pandemia lo redujo a su mínima expresión en 2020. Cinco años después, las cifras confirman una remontada notable: la ruta volvió y superó con holgura la etapa prepandemia,hoy sostiene una demanda estable que empieza a reordenar la oferta local.

La explicación comienza por la regularidad. La operación comercial a cargo de Aero Transportes S. A. (ATSA), con sus aviones Bombardier Dash 8 Q400 de 75 asientos, ofrece vuelos todos los días y dos frecuencias los fines de semana. Esa previsibilidad devolvió confianza a los viajeros y aliento a hoteles, guías y operadores. En capacidad teórica, el movimiento semanal ronda 1,350 asientos (ida y vuelta), suficientes para cubrir la demanda actual y dejar margen para mejorar factores de ocupación con mejor paquetización.

La trayectoria estadística dibuja una “V” muy clara. Los datos publicados por Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, el 2019 cerró con 21,525 pasajeros (llegadas + salidas). El 2020 cayó a 4,925; en 2021 la ruta rebotó a 12,475 y en 2022 alcanzó 17,707. El punto de quiebre llegó en 2023 con 24,488—ya por encima del año base—y 2024 marcó el salto con 35,628 (+65.5% vs. 2019; +45.5% vs. 2023). Entre enero y julio de 2025 se registran 22,765 pasajeros; a este ritmo, el año podría bordear los 39,000 en un cierre inédito para la plaza (proyección lineal referencial).

 

Pasajeros que llegaron y salieron de del aeropuerto de Chachapoyas
Evolución del número de pasajeros que llegaron y salieron del aeropuerto de Chachapoyas por año – Fuente: MINCETUR

 

Más allá del volumen, cambia la estacionalidad. En 2024 el tramo julio–noviembre concentró picos mensuales de 3.5–3.7 mil pasajeros. Pero 2025 trae una señal alentadora: enero (3,002) y marzo (3,897) muestran que la demanda empieza a repartirse mejor a lo largo del calendario. Allí se abre una oportunidad para desestacionalizar con agendas curadas en abril–junio y diciembre: destinos arqueológicos, cultura viva, rutas gastronómicas, naturaleza y encuentros académicos capaces de llenar entre semana y elevar el ticket promedio.

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Evolución del número de pasajeros que llegaron y salieron del aeropuerto de Chachapoyas por mes – Fuente: MINCETUR

La nueva mezcla de públicos ya se siente. Crecen las escapadas de 2–3 noches con parejas y grupos de amigos; se consolidan viajeros “cultural–curiosos” que combinan centros históricos, sitios arqueológicos y experiencias vicenciales; y asoman con fuerza congresos y residencias de disciplinas como arquitectura, arqueología y conservación, un MICE boutique que ayuda a sostener la ocupación fuera de los picos turísticos.

Quedan tareas. La integración puerta a puerta—traslados coordinados aeropuerto–circuitos como Kuélap, Jalca Grande, Huancas o cataratas—sigue siendo crítica para la experiencia. También falta empujar bundles (aéreo + hotel + experiencias certificadas) que reduzcan cancelaciones y mejoren la ocupación, y avanzar hacia datos abiertos de puntualidad, ocupación y pernoctes para tomar decisiones sobre refuerzos estacionales sin perder calidad.

El aeropuerto de Chachapoyas estp dejando se ser sinónimo de aislamiento para convertirse en puerta de entrada competitiva. El crecimiento acorta los tiempos de viaje, amplia públicos, alienta la inversión privada y fortalece la narrativa de un destino que combina patrimonio, paisaje y cultura viva. El reto inmediato es sostener el impulso con inteligencia: mejor ocupación, mejor paquetización y, cuando la demanda lo justifique, refuerzos en temporada alta y más aún, mejorar las condiciones aeroporuuarias para que se puesan recibir aviones de mayor capacidad y las cifras puedan dar un salto aún mas alto con la llegada de aeronaves de 180 pasajeros y con mejores tarifas, pero esa es otra historia.

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